Núria Fuster – Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo Español

(         ) -Aire que yo respiro-

 

La obra de Núria Fuster no es desconocida por los públicos vallisoletanos. Tiene una presencia notable en la Asociación Colección Arte Contemporáneo, y, desde ahí, se han visibilizado sus obras en varias exposiciones que de estos fondos han tenido lugar en el Museo. Además, jugó un papel especialmente relevante en una muestra que otorgó una gran visibilidad a nuestra institución, la revisión de la escultura en España que, bajo el título “Una dimensión ulterior”, tuvo lugar en nuestras salas en el verano de 2019. Nuestra aproximación a la obra de Núria de cara a realizar un proyecto específico en nuestro espacio más emblemático, la Capilla de los Condes de Fuensaldaña, goza por tanto, del mayor sentido.

Fuster, que desde hace ya muchos años reside en la ciudad de Berlín, presta una atención detenida a dos cuestiones: la búsqueda de nuevas posibilidades expresivas del material y la relación que éste trenza con el cuerpo. En consecuencia, la atención al potencial dinámico de su quehacer, es notoria. Tiene la artista bien estudiada la tradición. En ella afloran nombres como el de Rebecca Horn o el de Jean Tinguely, artistas que pusieron el acento en la maleabilidad de la materia y en la danza de los cuerpos. Ambas referencias, entre muchas otras, atraviesan su trabajo y resuenan todavía hoy, y, con ellas en mente, ha concebido su intervención en la Capilla mediante una gran forma-cuerpo que se yergue en el centro del espacio. Parece atrapado en una sucinta estructura prismática, industrial, algo siempre presente en su obra, pero pronto advertimos que esta forma no sólo no es inerte sino que ofrece constantes vitales decididamente visibles. El aire es materia misma, y de ahí nace un título (     ) -Aire que yo respiro-, que Fuster toma de una clara voluntad de insuflar vida a sus esculturas, de tornarlas en un cuerpo que, como ella, respira. Aflora también aquí la influencia que la experiencia de la naturaleza, la suya y la de diferentes autores, algunos de ellos castellanos, a los que ha acudido tras la invitación a trabajar en nuestra institución. El aire, nos dice Fuster, no es el negativo de las cosas; es, por el contrario, el espacio aglutinante que da lugar a su convivencia. Trae el aire consigo la virtud política que permite ser y estar a los cuerpos, que les concede la posibilidad de ocupar, juntos, el espacio social, ese en el que la prospección estética que propone la artista quiere, también, respirar, existir, y, así, aportar, contribuir.

Un conjunto diferente de trabajos puebla la sala 9. Tienen una cualidad cinética y cierta querencia antropomorfa. Elementos cotidianos animados por dispositivos electrónicos producen una sensación poética, celebratoria de lo que la tecnología y lo mundano pueden construir juntos, una suerte de performatividad que toma singular vuelo en el contexto histórico que la acoge.